martes, 1 de noviembre de 2022

MONSTRUO DE FLATWOODS ¿UN «EXPERIMENTO» MILITAR SECRETO?

Por José Antonio Caravaca 



El incidente de Flatwoods es sin duda uno de los encuentros OVNIs más célebres de la literatura platillista. Su popularidad ha traspasado fronteras y la extraña criatura protagonista de esta extraña historia se ha convertido en un auténtico icono de la cultura ufológica. Sin embargo, la realidad podría ser muy diferente de lo que se ha contado hasta ahora…

 La noche del 12 de septiembre de 1952 miles de personas presenciaron el paso de un extraño objeto volador sobre los cielos de Virginia Occidental. En Sutton –condado de Braxton– varios adolescentes que jugaban al fútbol, sobre las 19:15 horas, observaron una fuerte luminosidad rojiza que, tras detenerse en el aire, pareció descender tras una colina cercana, concretamente en Flatwoods.

 A la carrera, algunos chicos se dirigieron hacia el lugar donde creían que estaba posado el misterioso artefacto. Neal Nunley, de 14 años, Ronald Shaver, Teddie Neal, y Tommy Hyer, los tres de 10 años de edad, conformaban el grupo de intrépidos exploradores. Por el camino, se les unió la señora Kathleen May, sus dos hijos Eddie y Teddie –de 13 y 14 años respectivamente– y Gene Lemon, de 17 años y guardia nacional que, junto a su perro fiel, decidieron investigar en compañía de los jóvenes. Detrás de la colina se adivinaba la presencia de una luminosidad. Con el corazón en un puño, el grupo de exploradores enfiló hacia el montículo. El perro de Lemon pareció «presagiar» lo que iba a ocurrir, y salió despavorido del lugar.



Por si este repentino abandono fuera poco para amedrentar la moral del grupo, una misteriosa niebla, salida de la nada, les envolvió rápidamente. Un olor nauseabundo y una repentina sensación de calor precedieron al avistamiento de un enorme objeto discoidal, de color rojizo, que resplandecía en pulsaciones. En la oscuridad de la noche aquel artefacto irradiaba fantasmagóricamente entre la bruma.

 De pronto, Lemon creyó ver algo junto a unos árboles. Tras alumbrar con su linterna, el horror se apoderó de todos. La débil luz de la linterna descubrió, agazapada en la oscuridad, una silueta que les observaba con unos enormes e hipnóticos ojos rojos. Lemón soltó la linterna horrorizado. Frente a los testigos había aparecido un ser de más de tres metros de altura, con el rostro rojo y sudoroso, enfundado en una especie de manto de color verde oscuro con capucha y falda.

El «monstruo» se movía con pasmosa agilidad y parecía flotar sobre la hierba. De sus penetrantes ojos rojos surgían rayos de luz azulada. Tras describir un movimiento circular se dirigió hacia el OVNI. Aquello fue demasiado. El terror se apoderó del grupo y, en desbandada, dieron por concluida su exploración.

 En la revista «The Saucerian» (septiembre de 1953) el ufólogo y escritor Gray Barker, que investigó en la zona una semana después de los hechos, afirmó que: «Alrededor de la “cara” roja parecía haber una forma oscura, como una capucha. El cuerpo fue visto solo desde la “cabeza” hacia la “cintura”. Parecía oscuro e incoloro, aunque algunos dijeron que era verde, y uno de los niños, Nunley, dibujó una imagen con una silueta de fuego. La Sra. May dijo cuando la linterna lo alumbró, se iluminó como si tuviera alguna fuente de luz dentro de ella, también vio pliegues similares a los de la ropa en el cuerpo y terribles garras.

Nadie está seguro de si la forma descansaba en el suelo o flotaba. El “monstruo” no podría haber medido más de 4´5 metros, porque estaba debajo de la rama sobresaliente de un árbol, y la extremidad era de esa altura. Originalmente, el grupo dijo que el olor extraño y nauseabundo parecía metal ardiendo o azufre. Cuando se les preguntó, ninguno recordaba un olor similar. Finalmente fue descrito básicamente, como algo enfermizo e irritante para la garganta y las fosas nasales. “Parecía atascar la garganta y sofocarte”».

 Esa misma noche, al regresar a su casa, con el susto aún en el cuerpo, la Sra. May telefoneó al Sheriff Robert Car que se encontraba investigando un avión estrellado en las cercanías y al Sr. Lee Stewart, el dueño del periódico local. Posteriormente, la policía intentó rastrear la zona en busca de pruebas, pero ante la nula cooperación de los perros, que se negaban a avanzar en dirección al supuesto lugar del aterrizaje, decidieron postergar sus indagaciones hasta el día siguiente. Con la luz del alba, las autoridades locales hallaron una zona de pasto inexplicablemente aplastada y varios fragmentos de un material parecido al plástico.

 Por su parte, algunos de los testigos sufrieron diversos malestares físicos, típicos, según los facultativos, de la exposición prolongada a gases lacrimógenos, como hinchazón de garganta y convulsiones. Gray Barker indicaba que: «A. Lee Stewart, Jr., coeditor de The Braxton Democrat, fue el primer observador externo, en orden de aparición en la escena, que pudo ofrecer información útil. Llegó aproximadamente media hora después del incidente. Encontró que algunos de los siete testigos estaban recibiendo primeros auxilios. La mayoría de ellos parecían demasiado aterrorizados para hablar coherentemente. Contaban una historia fragmentada, finalmente logró persuadir a Lemon para que lo acompañara a la cima de la colina.

En ese momento se mostró escéptico, dijo. Como otros investigadores, no vio, ni oyó nada. Tampoco olió el gas que poco antes había sido sofocante. Pero sabiendo que algunos gases se evaporan rápidamente, se inclinó en el suelo donde podía oler el mismo olor acre que describían los testigos. Él también confirmó que era irritante y estrechaba las fosas nasales y garganta. Aunque era un veterano de la Fuerza Aérea, donde había visto los gases utilizados durante la guerra, nunca antes había olido algo así».

 Algunos investigadores estaban convencidos que el humanoide, al ser descubierto, vertió sobre los testigos una sustancia oleaginosa que causó sus daños físicos. Finalmente, una afligida Kathleen May dijo a la prensa que el monstruo «tenía un aspecto peor que Frankenstein. No podía ser humano». El Capitán Dale Leavit, jefe de la Guardia Nacional de Virginia Occidental, recibió órdenes desde Washington, DC, para ir a la colina donde apareció el «monstruo», para recoger cualquier tipo de elemento inusual que encontrara en la zona y enviarlo a un lugar no especificado. Gray Barker y Sterwart aseguraban que la vegetación que estaba junto al árbol denotaba que algo la había aplastado y que se había desplazado por el terreno en dirección al lugar, donde supuestamente estaba situado el platillo volador, y en la que había otra zona mayor de hierba aplastada. Además, también se informó de la presencia de una extraña sustancia grasienta espesa y negra. Aunque otros estudiosos opinan que aquellas marcas y rastros (aplastamiento y grasa) fueron producidas, en realidad, por una furgoneta que llegó a la zona.

William y Donna Smith, investigadores del «Civilian Saucer Investigation», recogieron el testimonio de la madre de Eugene Lemon, que afirmó que esa misma noche su casa había sido sacudida violentamente y la radio había dejado de funcionar durante unos 45 minutos. Por su parte, el director del Consejo de Educación local afirmó que sobre las 6:30 horas del 13 de septiembre observó el despegue de un platillo volador. También obtuvieron el relato de una madre y su hija de 21 años, que al parecer se toparon con el maloliente monstruo una semana antes que los acontecimientos del 12 de septiembre. Tal fue la impresión de la experiencia para la hija que tuvo que permanecer durante tres semanas en el Hospital de Clarksburg.

 Muchos investigadores consideran este clásico episodio OVNI como uno de los más espectaculares y enigmáticos de la literatura ufológica, sin embargo, otros especialistas creen que puede encubrir algo más terrenal y siniestro.

¿Alien, prototipo o guerra psicológica?

Existe una publicación del 14 de abril de 1950 del RAND (una corporación para el desarrollo e investigación militar) titulada «La explotación de supersticiones para propósitos de guerra psicológica», escrita por Jean M. Hungerford, perteneciente a la fuerza aérea de los Estados Unidos (USAF), que podría arrojar una nueva y revolucionaria perspectiva sobre este caso. El documento de 37 páginas contiene un apartado donde Hungerford citó un libro titulado «Magic: Top Secret» (1949), donde su autor, el controvertido ilusionista Jasper Maskelyne, contaba sus hazañas durante la Segunda Guerra Mundial utilizando todo tipo de tretas, artificios y trucos de magia para engañar al enemigo. David Fisher en su libro «El mago de la guerra» (2007) decía que: «Jasper era un experto en ocultismo y en lo paranormal» y que fue capaz de camuflar tanques para que parecieran camiones, crear un ejército de muñecos, o fabricar gigantescos objetivos falsos para los bombardeos nazis en la campaña africana.

 Maskelyne organizó un «equipo especial» denominado «Cuerpo Especial de Camuflaje» formado por carpinteros, dibujantes, un restaurador de muebles, pintores, electricistas, químicos, vidrieros, ceramistas, un arquitecto, un escenógrafo de teatro, un ingeniero y así hasta 14 hombres que eran conocidos como la «Magic Gang». En su libro el mago decía que: «Nuestros hombres… fueron capaces de usar ilusiones de una naturaleza divertida en las montañas italianas, especialmente cuando operaban en pequeños grupos mientras patrullan en avanzadillas explorando el camino para que nuestro general progresara. En un área, en particular, utilizaron un dispositivo que era poco más que un espantapájaros gigantesco, de unos 3´5 metros de altura, y capaz de tambalearse bajo su propio peso y emitir espantosos destellos y explosiones. Esta cosa asustó a varios pueblos italianos sicilianos que vieron al amanecer como lanzaba al paso por sus calles un ensordecedor ruido mientras lanzaba grandes chispas azul eléctricas que surgían de él; y los habitantes, que eran en su mayoría campesinos analfabetos, simplemente salieron huyendo del lugar hasta el siguiente pueblo, jurando que el Diablo marchaba delante de los invasores ingleses».

Las anotaciones de Maskelyne decían que: «Como todos los cuentos difundidos entre la gente sin educación (y ayudados, sin duda, por nuestros agentes), esta historia asumió proporciones casi inimaginables. Las aldeas en la ruta de nuestro avance comenzaron a negarse hoscamente a ayudar a los alemanes en su retirada, y comenzaron a realizar acciones de sabotajes contra ellos; y entonces, en vez de esperar a que nuestras tropas llegaran con comida y felicitaciones de su ayuda, los pobres huyeron, congestionando así las carreteras por las que el transporte motorizado alemán estaba luchando para retirarse. Los tanques alemanes en ocasiones cortaban a los refugiados y esto inflamó aún más su sentimiento hostil, y lo que comenzó casi como una broma fue pronto un arma afilada en nuestras manos que castigaba severamente a los alemanes, de forma indirecta, durante varias semanas críticas». Maskelyne realizó todo tipo de misiones durante la Segunda Guerra mundial en más de 16 países entre oriente medio y Europa. A la finalización de la contienda el mago ascendió a coronel de la OSS (antigua CIA). Los expedientes militares relacionados con las operaciones secretas desarrolladas por Maskelyne durante la contienda siguen siendo material clasificado y no pueden ser consultados.

 Volviendo al episodio de Flatwoods, el investigador Frank C. Feschino, Jr. ofreció una descripción diferente del famoso monstruo tras concluir su investigación del caso: «En 1995, me senté con Freddie May (hijo de Kathleen May) quien vio al «monstruo» a unos diez metros de distancia. Cuando estaba empezando a dibujar, le di el lápiz a Freddie, y le dije: «Comienza a dibujar”. Entonces comenzó a dibujar y a dibujar. Le dije: “Esto no se parece en nada a ese estúpido dibujo que apareció en We The People (programa de televisión) y que fue visto por millones de estadounidenses (allá por 1952)». Y es que 44 años después, el hijo de la principal testigo había dibujado una «monstruo» completamente diferente al divulgado hasta la fecha.

Freddie May esbozó una especie de androide metálico, que más parecía un robot o un elaborado muñeco, que una criatura viva. De hecho, en un artículo del «Charleston Gazette» publicado en 1956, el periodista Don Seagle escribió que la Sra. May se quejó de que «algunas de las personas con las que hablé cambiaron lo que les dije para que pareciera que se trataba de algo vivo. Realmente no parecía vivo. No hay duda en mi mente de que se trataba de una especie de avión o cohete».

 Gray Barker anotó ese cambio en la descripción de la principal testigo: «Cuando la señora May regresó de Nueva York, junto con Lemon, fui a su casa. Para entonces, la historia había adquirido dimensiones adicionales. El relato era mucho más aterrador de lo que se había informado. Había vuelto a la colina al día siguiente y se había manchado de grasa su uniforme de esteticista, una sustancia extraña que desafiaba a la lavadora. Había hablado con científicos que la convencieron que el “monstruo” era una nave espacial». Incluso al parecer le mostraron una imagen de un ingenio espacial, ideado por Von Braun para la conquista de la luna, y que aparecía dibujado en la revista Collier (11/10/1952). ¿Pudieron los testigos confundir un prototipo de nave espacial, de vuelo vertical, son un siniestro monstruo? ¿era la niebla asfixiante de la zona producto de los gases emitidos por el artefacto?

 Y en base a toda esta confusa información, investigadores como el británico Nick Redfern, en un artículo titulado: «Is This The Flatwoods Monster?» (2010), se preguntaba si el famoso monstruo de Flatwoods pudo ser, en realidad, un ensayo contemporáneo del «espantapájaros» de Maskelyne para intentar manipular a la opinión pública estadounidense.  Hay que tener en cuenta que Freddie May, que estuvo a menos de 10 metros de distancia, decía que aquella entidad parecía metálica, desprendía humo por su parte inferior y tenía dos brillantes ojos rojos (iluminados desde dentro). Una «criatura» nada difícil de fabricar para un adiestrado equipo de «efectos especiales».

En su citado reporte el Redfern afirmaba que: «El informe RAND fue presentado a la Fuerza Aérea en abril de 1950, y el incidente de Flatwoods ocurrió en septiembre de 1952. ¿Es posible que en este período de dos años los planificadores de guerra psicológica de la USAF hayan creado su propia versión del monstruo centelleante de 3 metros del ejército británico para tratar de evaluar la reacción cuando se exhibe sobre una población desprevenida?». De hecho, el lugar escogido, Flatwoods, es muy similar al escenario utilizado por los británicos para engañar a los aldeanos. En aquella ocasión pequeñas poblaciones con pocos habitantes. ¿Replicaron el experimento en Estados Unidos?

 ¿Un mago investigando OVNIs?

En el tranquilo pueblo Kelly-Hopkinsville, Kentucky (Estados Unidos) ocurrió un increíble incidente que a día de hoy sigue siendo un auténtico misterio insondable y donde también estuvieron involucradas unas terroríficas y desconocidas criaturas. El 21 de agosto de 1955 varias personas en una apartada granja fueron asediadas por unos pequeños seres verdosos fosforescentes, que surgieron al parecer de un platillo volador. Tal fue el susto que se llevaron los testigos que la emprendieron a tiros con sus insólitos visitantes. Pero lo más bizarro de este sorprendente caso, sin duda otro clásico de la literatura ufológica, es su posible vinculación con un mago. En el año 2009, H.P. Albarelli, Jr. publicó un libro titulado «A Terrible Mistake». En las páginas de dicha obra, el autor ofrecía una información desconcertante para todos los aficionados a los OVNIs.

 Según Albarelli, la CIA, envió discretamente a Kentucky a un mago llamado John Mullholland para investigar el suceso. Mullholland no era un desconocido en la agencia, de hecho, había escrito, en la década de los cincuenta, un insólito manual secreto para agentes de campo titulado «The Official CIA Manual of Trickery and Deception». En dicho informe confidencial se explicaban distintos trucos de «magia» para que los agentes del servicio de inteligencia estadounidense los utilizaran durante la Guerra Fría.

 El encargado de elegir al mago para esta misión, fue Sydney Gottlieb, director del polémico proyecto MK ULTRA, que según Albarelli quería conocer la opinión de Mullholland sobre determinados incidentes OVNIs. Nunca se hicieron públicas las pesquisas del mago en Kelly-Hopkinsville y el propio Gottlieb cuando fue preguntado sobre este asunto en 1997 dijo que no recordaba nada. Pero lo más importante de esta cuestión es ¿por qué, la CIA envió a un prestidigitador a investigar un caso OVNI?… ¿Fueron estos famosos incidentes OVNI obra de elaborados «trucos» de ilusionismo? ¿Con que fin se realizaron? ¿Desviar la atención? ¿Ridiculizar el fenómeno OVNI? ¿Quizás es demasiado especular?… o no.

 Al margen de todas estas interrogantes, 6 décadas después del terrorífico encuentro de Flatwoods seguimos sin conocer que ocurrió realmente aquella noche y sobre todo… ¿De dónde surgió aquel irrepetible «Frankenstein» espacial?


Fuente: Revista "El Ojo Crítico"

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...